Sociedad | Comportamiento animal

Lo que sus genes dicen

Estudiar el genoma de los perros ayuda a explicar el origen de enfermedades humanas. Sobre todo, de las psiquiátricas.

Por Andrea Gentil

 

Durante meses se acercó invariablemente a olerle la pierna derecha siempre en el mismo lugar. Incluso a través de las medias. Hasta que un día, de pronto, subió la apuesta e hincó los dientes en el lugar de siempre. La próxima parada de su víctima fue el consultorio médico, y la próxima noticia, que tenía un melanoma, el cáncer de piel más agresivo de los actuales.

Èl, el oledor, no tenía papeles. Era un mestizo, mitad collie y mitad doberman que en 1989 descorrió las cortinas de un nuevo mundo: el de las investigaciones científicas que utilizan perros para oler algunos tipos de cáncer. Así fue como también se supo que a Parker, el labrador, lo obsesionaba una erupción que padecía su dueño de 66 años, y que resultó ser un carcinoma; o que el lebrel australiano Kaspar persistió en meter el hocico en la axila de su ama hasta que ella fue al médico, que le halló células cancerosas en un ganglio linfático. Una nueva investigación asegura que los perros pueden detectar el cáncer colorrectal temprano con un 95% de precisión.

Es que además de ser amigos del hombre, los perros cada vez más hablan de él. Sobre él. Lo guían para develar el misterio de enfermedades hasta ahora sin solución, convirtiéndose en los sujetos de estudios científicos que después se trasladan a los humanos, sobre todo para analizar trastornos de tipo psiquiátrico y origen genético.

La caza de genes vinculados con los trastornos neuropsiquiátricos en las personas es un trabajo arduo con resultados escasos, porque el genoma humano es complejo. Los perros, desde el enorme hasta el ínfimo, comparten un genoma básico, y eso hace que los genes responsables de ciertos males sean más sencillos de rastrear y analizar. Un ejemplo: las variantes genéticas en seis segmentos del genoma canino explican el 80% de las diferencias de tamaño corporal entre esos animales. En las personas, apenas un 45% de las variaciones en la estatura son explicadas por cambios que se instalan en 294.831 regiones genómicas.

Miedos y odios caninos. Aunque este tipo de estadísticas no existen en la Argentina, se calcula que el 40% de los 77,5 millones de perros que hay en los Estados Unidos tienen algún tipo de desorden de la conducta, derivado de ansiedad, TOC o agresividad.

Al menos el 50% de los collies sufren de fobia al ruido, y un 10% de los fóbicos llegan a dañarse a sí mismos o a otros cuando un ruido se les hace insoportable. Steve Hamilton, psiquiatra de la Universidad de California (Estados Unidos), dice que hay un paralelo entre el pánico canino y la ansiedad humana, y por eso estudia a los primeros para llegar a los segundos.

Entre los bull terriers el problema es otro. Muchos de ellos persiguen su cola sin descanso, exaltados, como hipnotizados, y otros perros grandes como los doberman, los gran daneses y los golden retriever mordisquean sus flancos o lamen sus patas hasta que pierden totalmente el pelo y desarrollan lesiones, algo que algunos científicos consideran se parece al lavado de manos ritualizado de muchas personas con TOC. Un grupo de investigadores logró establecer que los perros con TOC tienen variaciones en una región del cromosoma 7 de su genoma. Otra neurocientífica que trabaja en la Mount Sinai School of Medicine de Nueva York halló que en esa región hay un gen (el CDH2) que codifica la proteína cadherin 2, que se relacionaría con el TOC y que ahora se está rastreando en seres humanos.

Del otro lado del océano Atlántico, en Europa, se formó LUPA, un consorcio de 100 científicos que busca desórdenes genéticos en los perros, incluyendo trastornos de tipo neurológico, además de cáncer y males cardiovasculares. Un grupo específico estudia a perros de raza cocker spaniel para dar con las alteraciones genéticas emparentadas con el trastorno bipolar, la esquizofrenia y la agresión extrema en las personas. Es que esa raza se caracteriza por su tendencia a la epilepsia y a la agresión repentina, mientras que los golden retriever, pueden tener reacciones violentas (a pesar de que normalmente son casi extremadamente amigables), padecer de temblores y ser obsesivos y compulsivos al extremo. Tanto es así que en Japón los estudian para hallar la causa de estos males, y para la pérdida de concentración por ansiedad.

Mutaciones. Los shar-pei, con sus arrugas, son especiales, salta a la vista. Entre menos liso es un shar-pei, más cantidad de mucina (una sustancia de consistencia gelatinosa que hay en la dermis de la piel) y de ácido hialurónico tiene. Los espertos vieron que las mutaciones en el gen HAS2 son responsables de las arrugas del shar-pei, y buscan un paralelo que explique ciertas enfermedades cutáneas humanas.

Dachshund estrictamente hablando, perros salchichas en términos cotidianos, tienen en sus patas la respuesta a ciertas formas de enanismo. Una deficiencia en el factor de crecimiento 4 (FGF4) es la responsable de que los salchichas tengan extremidades tan cortas saliendo de un tronco tan largo. Otro gen que codifica un factor de crecimiento, el 1 (IGF1), es el actor principal en la determinación del tamaño de un perro, y la deficiencia en el IGF1 puede llevar a desórdenes del crecimiento humano. Un poco más altos, los beagles tienen tendencia a la obesidad, sobre todo si no hacen ejercicio y si presentan alteraciones en el gen FTO, el mismo que también está asociado con el peso corporal y el riesgo de obesidad en chicos y adultos humanos.

Hace 100.000 años que los perros conviven con las personas. Ahora, además de acompañar y a veces proteger, también dan algunas respuestas.

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