Deporte | fútbol argentino

En plena crisis de talentos

Las estrellas están de vuelta y los pibes no explotan. Para peor, Europa paga menos.

Por Andrés Burgo

 

El eslabón está roto. En el medio hay un vacío. Un desierto. Un Boca mustio, que desde el 2009 huele como una habitación cerrada, arrancó el Clausura 2011 con un pelotón de volantes mayores de 30 años: Sebastián Battaglia (30), Leandro Somoza (30), Walter Erviti (30) y Juan Román Riquelme (32). Fue un harakiri: Godoy Cruz lo apuñaló 4-1. Enseguida, el River más conservador de las últimas dos décadas se atrincheró con siete jugadores en la cancha de Tigre y delegó la iluminación futbolística a un chico de 17 años (Manuel Lanzini) y otro de 18 (Erik Lamela): el 0 a 0 fue bendecido por el presidente Daniel Passarella como una batalla ganada.

Los extremos de los dos grandes en crisis dejan al desnudo la depresión que ataca al torneo doméstico y que ya dejó esquirlas en las selecciones menores: de un lado, la perpetuidad de guerreros curtidos como Esteban “Bichi” Fuertes (38), Rolando Schiavi (38), Martín Palermo (37), Matías Almeyda (37), Ariel Ortega (36), Juan Sebastián Verón (35) y el mismo Riquelme (32), más los recientes regresos de Guillermo Barros Schelotto (37), Mauro Camoranesi (34) y Guillermo Franco (34). Y del otro, una generación de pibes que no tienen el talento de sus antecesores y que, sin embargo, deben hacerse cargo de una misión para la que todavía no están preparados.

En el medio queda una mayoría de futbolistas con nivel aceptable en lo local, pero insuficiente para haberse ganado un lugar en Europa. Muchas figuras domésticas, incluso, pegaron la vuelta antes de lo imaginado, como Matías Defederico (21, jugó en Brasil), Diego Valeri (24 años, Portugal y España), Maximiliano Morález (24, Rusia) Augusto Fernández (24, Francia), Iván Pillud (24, España), Jonathan Maidana (25, Ucrania), Juan Carlos Menseguez (26, Alemania e Inglaterra), Pablo Barrientos (26, Rusia e Italia) y muchísimos otros. Fueron vendidos de jóvenes, cuando su formación aún no se había completado, y lo pagaron: ganaron en lo económico, perdieron en lo deportivo.

El semillero seco. El técnico de la Selección, Sergio Batista, lo repitió el lunes 14, pocas horas después del fracaso no admitido de la Selección Sub 20, que no se clasificó a los Juegos Olímpicos 2012 y dejó a la Argentina sin la chance de defender los únicos dos títulos que ganó en los últimos 18 años, desde 1993 hasta aquí (Atenas 2004 y Pekín 2008): “Hoy no tenemos un Agüero, un Messi, un Di María. Se trabaja mucho lo físico y lo táctico, y se olvida la técnica. Está difícil”. Humberto Grondona, hijo de Don Julio y subdirector de selecciones nacionales, profundizó: “Es una época de pico y pala. Se acabó el glamour, no esperen un desfile de Giordano”.

¿Será por eso, entonces, que el fútbol europeo les dio la espalda a los jugadores argentinos en el mercado de pases de enero del 2011? Este receso significó el regreso de las grandes compras después de dos años de prudencia tras la crisis del 2008, pero ninguno de los nuestros se asomó entre los principales pases (ver lista). La mejor transferencia concretada desde aquí, la de Sebastián Blanco de Lanús al Metallist de Ucrania en 8 millones de dólares, quedó lejos de alcanzar ese top five: aunque sea momentáneamente, el semillero parece haberse secado.

Hoy, incluso, huele a naftalina el invierno boreal del 2007, cuando el Real Madrid les pagó 27 millones de dólares a Boca por Fernando Gago y 18 a River por Gonzalo Higuaín. Y al año siguiente, a comienzos del 2008, Valencia compró en 26 millones a Ever Banega. En este enero del 2011, en cambio, el mismo Boca debió conformarse con 800.000 dólares por la cesión de Gary Medel al Sevilla y River se desprendió de su jugador más cotizado, Diego Buonanotte, en 6 millones, una cifra tres veces menor de lo que en su momento recibió por Javier Saviola o Pablo Aimar. Entre todas las transferencias realizadas el mes pasado a Europa, los clubes argentinos ingresaron un total de 36 millones de dólares. Ahora son necesarias ocho ventas para completar lo que antes ingresaba por dos pases.

Mercados emergentes. Los clubes debieron abrirse a mercados sin tradición. Ya no basta con los tres principales torneos, el inglés, el español y el italiano: ahora los criollos son preferidos por los clubes de Portugal y, en este receso del 2011, de Ucrania: otra de las mejores ventas en enero fue la de Jonathan Cristaldo también al Metallist. Portugal, una liga que hasta hace cinco años significaba poco, es otra solución: a mediados del año pasado pagó 10 millones por Nicolás Gaitán y este año fue el único interesado en el delantero de River Gabriel Funes Mori. Incluso, el Porto ya parece haber comprado al mejor proyecto argentino, Juan Manuel Iturbe (17), que hasta junio del 2011 seguirá en Cerro Porteño de Paraguay (sus padres nacieron en ese país).

Iturbe, seguramente, no debutará en la Primera División de Argentina. Lo más probable es que lo haga cuando tenga 35 o 36 años (o 22 o 23), y pegue la vuelta desde Europa. En el medio, el campeonato doméstico aumentará

su vacío.